La mirada del otro, discurso de investidura Doctor Honoris Causa

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Recientemente,  he sido distinguido Doctor Honoris Causa por la Universidad Cuauhtémoc, ubicada en el Campus Aguas Calientes de México, a propuesta de la Federación Mexicana de Colegios de Abogados, A.C (FEMECA). Este ha sido el discurso de investidura que leí durante el acto, ‘La mirada del otro’.

Discurso de investidura ‘La mirada del otro’

Resulta muy difícil expresar en pocas palabras el gran honor y la inmensa emoción que me llenan en los momentos en los que la vida me lleva hasta Aguascalientes, en el acto de investidura, en esta representación de la querida Universidad de Cuahtemoc, que con tanta generosidad a propuesta de la Federación Mexicana de Colegios de Abogados a través de su Presidente el Maestro, José Luis González Martínez, ha querido ofrecerme esta alta distinción que constituye el Doctorado “Honoris Causa”.

Recibir el grado de Doctor Honoris Causa por una Universidad cuya filosofía, manifiesta “entender al ser humano como el culmen de la sabiduría y bondad divina, capaz de definir, conocer lo que es y quiere ser. En consecuencia, es un individuo que convive en armonía con la sociedad, comprende el devenir histórico y evolutivo de la humanidad y camina hacia la perfección, logrando satisfacer sus necesidades básicas hasta las trascendentes».

Es el más alto galardón académico, que puede ostentar un modesto profesor universitario.  Sean, por tanto, mis primeras emocionadas palabras de agradecimiento para el Excmo. Sr. Rector, Consejo de Gobierno y Claustro de la Universidad de Cuahtemoc y la FEMECA, que han tenido a bien aprobar y refrendar respectivamente, la propuesta.

Interpreto que con ello, han valorado benévolamente los méritos personales contraídos y una Universidad a la que, desde hoy, me considero en situación de servicio permanente y ser un eslabón más en la transformación del futuro en Aguascalientes, México y el mundo.

Yo vengo de una Universidad española, Jesuita, la Universidad Loyola Andalucía que tiene la misión de “crear pensamiento para el mejor y mayor servicio de la humanidad, formar hombres y mujeres para los demás, comprometidos con los problemas del mundo y hacer de toda su actividad un lugar de fructífero diálogo y encuentro, en el que personas de diferentes culturas, creencias e ideologías puedan vivir una vida inspirada y comprometida con los demás. Reza nuestro slogan: “Formamos líderes para el mundo y el mundo es nuestra casa».

Amplia actividad docente e investigadora como profesor de universidad

Fue, hace ya 32 años, cuando inicié mi actividad docente e investigadora como Profesor de Universidad. Eran unos tiempos en los que la Facultad de Derecho en Sevilla, me acogía como profesor en la llamada Escuela Universitaria de Trabajo Social. Han pasado muchos años desde entonces y con el devenir de los acontecimientos la vida nos ha regalado alegrías y ha puesto en nuestro camino piedras.

El transcurso del tiempo, ha hecho que muchas de nuestras actividades académicas se hayan ido realizando y plasmando en el libro que recoge nuestros recuerdos. La felicidad que siento en estos momentos se la debo agradecer a quienes con su bondad y altura de miras han tomado la iniciativa de proponerme para esta tan alta distinción.

Muchas gracias a todos ellos y, en particular, al ilustre Presidente de FEMECA, con quien mantenemos una relación científica y profesional muy enriquecedora desde que firmamos un Convenio de Colaboración con el Foro Internacional de Mediadores Profesionales de Loyola. Al Ilustre Señor Rector, quien ha querido apoyar esta iniciativa, así como a todos los profesionales y Claustro de Profesores, sintiendo que a partir de ahora tendré el honor de ser su compañero y ser un Cuahtemoc,  de Aguascalientes más.

Sólo una palabra, que sale de lo más profundo del alma y que hoy adquiere el más alto valor: gracias a todos y a mi mujer Gabriela, quien es mi guía y mi maestra de la vida. Y, por último, a nuestras 4 hijas, quiénes, desde España están presentes, y me hicieron ver la vida desde otro ángulo.

La mirada del otro

Permítanme, ahora, dirigirles unas mínimas palabras, a modo de resumen porque establece el protocolo que en el acto de investidura del grado de Doctor Honoris Causa, el doctorando debe dar lectura a un breve discurso de recepción sobre un tema libremente elegido, tarea que me ha resultado particularmente difícil, pues mi conciencia se ha debatido entre la selección de un problema de índole divulgativo o de contenido eminentemente científico.

Finalmente, y teniendo en cuenta la diversidad de este selecto auditorio, he optado por la primera opción, tratando de abordar de una manera lo más didácticamente posible un tema que ha atraído extraordinariamente mi atención, y que lleva por título «La mirada del otro».

¿Por qué este título? ¿Por qué hablar de la mirada? Evidentemente tienen su razón. Mi trabajo como abogado y como mediador me lleva continuamente a estar atento a las reacciones de cada uno cuando se produce una negociación, que lleva como objetivo, pretender buscar soluciones amistosas y sobre todo ofrecer “un punto de vista” que nos permita hallar una salida a un “callejón sin salida”. Y también, por qué no, hablar mínimamente del “otro lado del charco”, mi país.

Por eso, hoy queridos amigos, mírenme a los ojos.  Siempre hemos manifestado nuestra disconformidad cuando ante una conversación, nuestro interlocutor, no nos miraba fijamente a los ojos y también hemos de decir que, si lo hacemos por nuestra parte, estamos demostrando nuestra seguridad y cercanía.

Eso no quiere decir que no haya personas que les cuesta mirar a los ojos y solamente se consigue un contacto visual en el diálogo o conversación muy de vez en cuando. No es de extrañar que si, como dicen los expertos, el 75% de lo que mostramos es a través de la llamada “comunicación no verbal”, la mirada a los ojos sea un importantísimo semáforo de la seguridad, de la legitimidad y de la credibilidad de lo que decimos.

Necesitamos saber con la mirada, las sensaciones que transmiten en una conversación y más si cabe como ocurre en la mediación, en una negociación asistida.

Cuando hablamos del tono de voz, otro de los síntomas a tener en cuenta, es verdad que quizás cueste comprender lo que se dice o las sensaciones. Si gesticulamos, también es verdad que depende mucho del contenido de la propia conversación, pero a través de los ojos y la mirada podemos ver “el alma de esa conversación” y transmitiremos una seguridad y cercanía que el resto de personas agradecerán.

Con ello a buen seguro, nos permitirá conseguir eso que es tan importante como es que crean en nosotros y que los mediados crean en lo que dicen. La credibilidad en nuestra profesión de mediador es importantísima para el “viaje que realizan las personas por el proceso”.

De igual forma, en el reverso de la moneda, cuando alguien nos habla sin mirarnos a los ojos o en su caso distrae la mirada en una conversación hacia otro lugar u objeto, ante la falta de atención, la posibilidad de interpretar se minusvalora y, sobre todo, la confianza decae.

Con independencia de lo que muchas veces nos dicen los expertos, a la hora de hablar de qué supone una huida del tema o quizás la falta de sinceridad en las próximas frases, nosotros percibimos la deslegitimación a lo que hacemos.

Miremos a los ojos y dejemos traspasar la frontera de lo que piensa nuestra mente. La atención y, sobre todo, “los pensamientos de una persona pueden determinarse mirando sus ojos“-England, Regiment of Life, 1545.

No seamos intimidantes, ni agresivos. Seamos nosotros mismos. Si estamos agradecidos, digámoslo con los ojos. Si estamos indignados, digámoslo con los ojos. Desde que se empezó a conocer y trabajar, hace ya tiempo, la Programación Neuro Lingüística se analizó la dirección de la mirada, el parpadeo, la dominancia y la seducción.

El llamado contacto con los ojos” es una de las formas más fáciles de utilizar lenguaje corporal, pero también es una técnica complicada de dominar e interpretar. No obstante, quizás lo más importante sea la confianza en ti mismo y la complicidad en lo que haces y dices.

Con gran frecuencia se comenta que «los ojos son el espejo del alma» para señalar el estado psíquico de su dueño. En mi tierra, se utilizan los términos de «mojar la pestaña» para la persona que llora con facilidad. En ocasiones, la mirada revela intriga, tal como sucede en la internacional y más famosa pintura de Leonardo Da Vinci, «La Gioconda», donde los críticos de arte dialogan si este sentimiento está determinado por la sonrisa, la expresión de los ojos o bien transmite un mensaje sobre la ambigüedad de la retratada.

No existe nada comparable a la mirada sublime de los padres, fundamentalmente de nuestra madre, que ha tenido el privilegio de albergarnos en su seno y que, además, durante un año de nuestras vidas ha debido de interpretar lo que les decíamos con nuestra mirada y con nuestro gritos.

Por eso, queridos amigos, doy fin a este pequeño texto pidiendo por favor que me miréis a los ojos, solo para volver a deciros con la mirada más limpia que «aquí tenéis un hermano más».

Dice un proverbio árabe «Quién no comprende una mirada, no comprenderá una larga explicación».

He dicho.

Francisco Javier Alés

Francisco Javier Alés

Abogado, Mediador y Profesor de Loyola Executive Education. Director del Diploma del Especialización en Mediación y Gestión de Conflictos, Director del Foro Internacional de Mediadores Profesionales y Director de la Escuela Sevillana de Mediación. Conferenciante y ponente en numerosos foros y universidades. Coautor del Libro "La Magia de la Mediación".

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