Mi álbum de fotos sobre la mediación

Recopilo mi experiencia profesional en mediación a través de mi álbum de imágenes de mi trayectoria como mediador.

Según la Real Academia Española (RAE) en su diccionario, cuando hablamos de un álbum, se alude a una “especie de cuaderno cuyas hojas están en blanco para que sean completadas según los intereses de su propietario”. 

En más de una ocasión, cuando tengo el gran honor de ser invitado a algún evento, jornada, curso o congreso para hablar de mi gran pasión, que se convirtió en profesión, la mediación, me gusta obsequiar, sin querer ser pretencioso, a los asistentes con lo que llamo, mi álbum personal de mi viaje por la mediación.

Si como bien se dice, el álbum es un libro con hojas en blanco en el que su dueño recolecta fotos, notas que le han sido de utilidad y, sobre todo, que plasman momentos pasados, que cuando enseña a sus amistades los recuerda y, por qué no, incluso rememora visitas que ya se habían olvidado con el paso del tiempo. Por eso, el álbum no deja de ser un auténtico “tesoro” en manos de quien supo captar aquellas imágenes.

Además creo que, un álbum en el viaje de tu vida, puede convertirse en un objeto de gran valor en el futuro para aquellas personas que iniciaron el mismo viaje, años después, incluso generar mucha nostalgia al verlo y recordar lo que ha sido la experiencia vivida.

La mediación en imágenes

A partir de esta idea, cuando hablo de mediación me gusta compartir “mis imágenes” que al día de hoy, una vez “reveladas” se incorporan no ya a un álbum “físico” sino en la era digital, a algo que tengo grabado en el corazón.

Emprendamos en este artículo un viaje imaginario por la mediación. Eso hice allá por los años 90 del siglo pasado y a la hora de pensar en el recorrido que quería seguir, procuré que fuera variado y equilibrado para tener muchas experiencias diferentes.

Pensé qué cosas me gustaría hacer y aprender, considerando así el viaje como una oportunidad e intentando llevar el equipaje justo y necesario, que un abogado debe tener, y sobre todo pensé que podía ser una buena idea no tener un destino final  definido. Creo que acerté porque todavía, años después, sigo viajando por este maravilloso mundo de la mediación.

Es verdad que tener una idea de la ruta que quieres seguir está bien, pero improvisar, ser flexible y dejarse llevar lo es aún más. Y así hice. Pero, ¿qué imágenes conseguí captar?

La primera imagen que se me viene a la mente es que tuve que desaprender para aprender. No podía utilizar el mismo léxico, los mismos esquemas que aprendí para ser abogado procesalista y tuve que flexibilizar mi trabajo para llegar a las personas de una forma llana y sencilla.

He aprendido a preguntar qué podemos hacer con lo que te ha pasado, y no basarme tanto en lo que la justicia tradicional me abocaba “ceñirme solo a los hechos que fueran juzgados”. Hay mucho más que lo que ocurrió entonces para salir de un conflicto.

He aprendido a hacer responsables de la solución a quienes están implicados, en un ejercicio de responsabilidad que ha convertido mi despacho de abogados en un “gimnasio” donde ofrezco técnicas para que ellos mismos trabajen su problema.

He aprendido a hacerles ver una oportunidad donde ellos ven un problema, gracias a que somos capaces de mirar más allá y ser conscientes de que pueden ver el vaso medio lleno”.

He aprendido a ver que detrás de los papeles hay sentimientos y actitudes y, por tanto, conducir en mi viaje con la capacidad de trabajar emociones, comunicaciones no verbales y ser intérprete de mensajes opuestos.

He tenido que generar confianza entre las partes en conflicto y entre el mediador y las partes, así como confianza en el proceso de mediación. Porque solo con ella podremos mediar y saber que únicamente si estoy enamorado de lo que hago, podré enamorar en lo que hagamos, convirtiendo el singular en plural de forma automática.

He tenido que velar por que las partes puedan atribuirse el mérito de los acuerdos alcanzados, en un importante esfuerzo en convertir en “humildad” nuestro trabajo. Los protagonistas son ellos, yo solo soy un canal de comunicación

Y me quedo con la última imagen que quiero compartir: el poder de la palabra, no existe otra receta. Y sobre todo el arte de “escucharte y saber escuchar”.

Tu álbum de mediador

No sé cuantas veces me habrán oído mis alumnos estas frases, que siempre me gusta refrescar, porque componen “el álbum de mi vida profesional como mediador”.

Ojalá en el futuro, querido lector, si también amas esta profesión, seas conscientes de que me encantará que compartas las imágenes de tu álbum ya que debes potenciar tus valores personales y, al igual que cualquier profesión, es necesario que crees tu propia huella.

Solo una recomendación: necesitas de la intuición para crear tu álbum, que debes alimentar del banco de datos de tu cerebro que te ayudará a escuchar lo que no se dice.

Gracias a ello, “se producirá la evolución de la resolución, a la gestión y a la transformación ” de los conflictos, algo de lo que somos responsables.

Francisco Javier Alés

Francisco Javier Alés

Abogado, Mediador y Profesor de Loyola Executive Education. Director del Diploma del Especialización en Mediación y Gestión de Conflictos, Director del Foro Internacional de Mediadores Profesionales y Director de la Escuela Sevillana de Mediación. Conferenciante y ponente en numerosos foros y universidades. Coautor del Libro "La Magia de la Mediación".

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