Un punto de inflexión: mi intercambio académico internacional

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Los puntos de inflexión se dan en las líneas continuas cuando estas pasan de un tipo de concavidad a otra. Personalmente, las matemáticas nunca se me han dado demasiado bien, pero puedo aplicar esta definición a mi vida, y estoy segura de que vosotros también a la vuestra.

No sé cuántos puntos de inflexión han marcado vuestras vidas, pero yo este año he vivido el primero. Todo comenzó el día 1 de enero, aterrizando en la que sería mi casa durante 5 meses, nada más y nada menos que Nueva Orleans. Una ciudad cálida y cercana, que derrocha música y vida, que vibra. Creo que no hay mejor destino en el mundo para irse de intercambio académico internacional.

En la Universidad Loyola Nueva Orleans, ha sido donde he conocido de primera mano cómo funciona el sistema educativo americano, me he sumergido de lleno en la cultura estadounidense y, sobre todo, he creado lazos con personas de diferentes nacionalidades que durante mi estancia allí se convirtieron en mi familia.

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Mi experiencia académica en el intercambio internacional

En esta etapa académica, tuve la suerte de que una de mis asignaturas favoritas, Advertising, fuera impartida por un profesor español, Álvaro Bootello. Álvaro, tras ver mi interés por el mundo de la publicidad, me ofreció la oportunidad de formar parte del equipo creativo del Donnelley Center for Non Profit Communications.

El Donnelley Center es una agencia de publicidad dentro de la facultad de comunicación dirigida por los alumnos que ayuda a mejorar la comunicación de entidades sin ánimo de lucro. Formar parte de un proyecto como éste me ha motivado a querer impulsar algo similar en la Universidad Loyola Andalucía.

Mi experiencia laboral en una agencia de comunicación

Una de mis intenciones al terminar el cuatrimestre era hacer prácticas. Me puse manos a la obra desde el principio: currículum por aquí, carta de motivación por allá, entrevistas de todo tipo… Apliqué a puestos relacionados con el marketing y la publicidad por toda la geografía estadounidense. Sin obtener respuestas.

A punto ya de expirar mi plazo de extensión de visado y ya buscando billetes de vuelta a España, volvió a aparecer Álvaro Bootello, quien me puso en contacto con Matt, uno de los directores de una agencia de publicidad en Charleston, Carolina del Sur. Esta agencia está especializada y destaca por ser una de las mejores del país realizando campañas políticas para el Partido Republicano.

Tras una entrevista y todos los trámites necesarios, a final de mayo comenzó la segunda etapa de la aventura: Charleston. No es que haya estado en muchas ciudades de Estados Unidos, pero por lo que he visto y por lo que me cuentan, he tenido la suerte de haber vivido en las dos ciudades con más encanto y personalidad de toda Norteamérica.

Charleston tiene el encanto sureño, esa calidez y cercanía, y unas calles con casas coloniales de tonalidades pastel que conquistan a cualquiera. Pero no todo son arcoíris y flores cuando llegas a una ciudad nueva sin conocer a nadie y para trabajar.

En el ambiente universitario todo es más fácil, todos vamos a lo mismo y despreocupados: conocer gente nueva, salir, descubrir,  pero llegar a una nueva ciudad y empezar de cero en un trabajo, conlleva un gran esfuerzo de adaptación: búsqueda de alojamiento, alta en la Seguridad Social, abrir una cuenta bancaria… ¡Toda una auténtica carrera de obstáculos!

En esta experiencia laboral me he dado cuenta del papel tan importante que tenemos los profesionales de la comunicación (periodistas, publicistas, diseñadores…) en el mundo en el que vivimos. Me he preguntado muchas veces a lo largo de estas prácticas si el mensaje que yo estaba lanzando al mundo era positivo, o si con mi trabajo estaba haciendo un mundo peor.

Tras mucha reflexión, he llegado a una conclusión clara: en mi futuro trabajo, haga lo que haga, tengo que sentir que lo que estoy haciendo está causando un impacto positivo en la sociedad, que de verdad estoy siendo alguien para los demás y para el mundo.

En conclusión, yo, como esa línea que pasa de una concavidad a otra, después de esta aventura ya no soy la misma. Ahora soy una persona con unas vivencias y experiencias que me han hecho crecer y aprender. Las líneas, como la vida: siguen, suben y bajan; y mi camino continúa.

Texto de Lucía Presencio, estudiante del Grado en Comunicación de la Universidad Loyola Andalucía.

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